El arte de los mimos al bebé, educando desde el corazón.

Desde que la madre está en período de gestación comienzan rituales que se dan de forma muy natural durante el embarazo, en el que los padres centran toda su atención en el futuro bebé y le hablan con afecto a través del vientre de su madre. Pueden poner música para que la escuche, acarician y abrazan el vientre en crecimiento y envían energías de amor, de ternura, afecto y felicidad al pequeño que se va formando.

Después de nacer, comienza un período nuevo en el cual experimenta cada detalle del mundo que lo rodea. Escucha las voces ya familiares de sus padres, de su familia; la música, el sonido de la naturaleza y los olores particulares de su madre, su padre, la comida, etc.

Es un hecho que, el bebé ha generado un lenguaje personal a partir de los gestos y las expresiones, ya que aún no gesticula palabras y aprende a diario tocando todo lo que llama su atención, probándolo, detallándolo a través de sus deditos curiosos y sus ojos expectantes. Es por esto que los padres tienen la oportunidad de comunicarse a través de los mimos y las caricias con su bebé.

Los mimos y las caricias forman parte esencial para el desarrollo del bebé
Un pequeño que se siente amado y protegido ha sido receptor de mucho cariño y mimos en su infancia. Está comprobado que un abrazo y una caricia dada con ternura puede canalizar las emociones, ecualiza sensaciones turbulentas en la psiquis del niño y esto le ayuda a estabilizar su corazón y su mente en situaciones complicadas. De esta manera, al crecer, se convierten en un adulto que se maneja a través de la inteligencia emocional y esto repercute de manera positiva en cualquier aspecto de su vida.


El cariño y las demostraciones de afecto son la base para su aprendizaje
Es cierto que aprendemos enseñando y en estos casos los pequeños también nos muestran cosas nuevas e incluso, detalles que creíamos ocultos de nuestro corazón. Al expresarnos con afecto, cariño y comprensión con nuestros hijos, generamos un fuerte vínculo emocional que genera confianza entre ambos.

El niño al saberse querido y con el apoyo incondicional de sus padres se siente más confiado, desarrolla una sana autoestima y seguridad en sí mismo pues está claro para él que cuenta con sus padres pase lo que pase. Aunque tema equivocarse o lo que quiere no se cumple como esperaba, podrá sobrellevar estas situaciones con aceptación y sin dejarse abatir porque entiende que existen las oportunidades y que cuenta con el apoyo de quienes lo aman y sienten afecto por él.

El punto medio entre el cariño y la efusividad
Las demostraciones de afecto deben hacernos sentir mejor, tranquilos, queridos y confiados, y es lo que el niño necesita. No se trata de agobiarlo entre besos, caricias y apretones entre abrazos porque podrían aturdirlo, hacerlo sentir confundido e incómodo provocando así el rechazo, la sensación de asfixia por notar el grado de exageración y anularíamos su oportunidad de formar su personalidad enviando el mensaje erróneo.


No queremos que sienta que no es capaz o que no tiene el potencial de afrontar una situación o realizar una actividad por nuestro temor a que se lastime de alguna manera. Es necesario tenerlo en cuenta, porque también otro de los efectos rebote del cariño en exceso es que el pequeño desarrolle la manipulación como herramienta para conseguir lo que quiere a través de esos mimos.

Puedes recordarle lo mucho que te hiso falta, lo maravilloso que es y lo feliz que te hace. Celebra sus logros con un abrazo y un beso acompañado de palabras generosas; comparte más tiempo con tu pequeño y una que otra vez acaricia su cabello, o toca su mejilla con ternura sin abrumarlo. A medida que crezca sabrá en su corazón que estarás siempre con el aun cuando la distancia, las responsabilidades y el tiempo los separe.